JESÚS SACRAMENTADO
A pesar de
no ser una Hermandad Sacramental, la Hermandad de Loreto desde hace
muchos años viene dedicando especial atención al Sacramento de la
Eucaristía como eje de la vida de todos los hermanos y cofrades.
De este
modo, el grueso de las actividades y actos de la corporación tienen de
alguna manera marcado carácter sacramental, ya sea a través de la
celebración de la Eucaristía o mediante la Adoración al Santísimo
Sacramento.
Siempre todo
ello siguiendo con exquisito interés lo establecido en el Catecismo de
la Iglesia Católica en su Segunda Parte que trata sobre
“La Celebración del Misterio Cristiano” y, a su vez, en la Segunda
Sección: “Los Siete Sacramentos de la Iglesia” y en su Capítulo Primero:
“Los Sacramentos de la Iniciación Cristiana”, establece en el Artículo
3: sobre “El Sacramento de la Eucaristía”
1404
La Iglesia sabe que, ya ahora, el Señor viene en su Eucaristía y que
está ahí en medio de nosotros. Sin embargo, esta presencia está velada.
Por eso celebramos la Eucaristía "expectantes beatam spem et adventum
Salvatoris nostri Jesu Christi" ("Mientras esperamos la gloriosa venida
de Nuestro Salvador Jesucristo", Embolismo después del Padre Nuestro; cf
Tt 2,13), pidiendo entrar "en tu reino, donde esperamos gozar todos
juntos de la plenitud eterna de tu gloria; allí enjugarás las lágrimas
de nuestros ojos, porque, al contemplarte como tú eres, Dios nuestro,
seremos para siempre semejantes a ti y cantaremos eternamente tus
alabanzas, por Cristo, Señor Nuestro" (MR, Plegaria Eucarística 3, 128:
oración por los difuntos).
1405
De esta gran esperanza, la de los cielos nuevos y la tierra nueva en los
que habitará la justicia (cf 2 P 3,13), no tenemos prenda más segura,
signo más manifiesto que la Eucaristía. En efecto, cada vez que se
celebra este misterio, "se realiza la obra de nuestra redención" (LG 3)
y "partimos un mismo pan que es remedio de inmortalidad, antídoto para
no morir, sino para vivir en Jesucristo para siempre" (S. Ignacio de
Antioquía, Eph 20,2). […]
1407
La Eucaristía es el corazón y la cumbre de la vida de la Iglesia, pues
en ella Cristo asocia su Iglesia y todos sus miembros a su sacrificio de
alabanza y acción de gracias ofrecido una vez por todas en la cruz a su
Padre; por medio de este sacrificio derrama las gracias de la salvación
sobre su Cuerpo, que es la Iglesia. […]
1409
La Eucaristía es el memorial de la Pascua de Cristo, es decir, de la
obra de la salvación realizada por la vida, la muerte y la resurrección
de Cristo, obra que se hace presente por la acción litúrgica.
1410
Es Cristo mismo, sumo sacerdote y eterno de la nueva Alianza, quien, por
el ministerio de los sacerdotes, ofrece el sacrificio eucarístico. Y es
también el mismo Cristo, realmente presente bajo las especies del pan y
del vino, la ofrenda del sacrificio eucarístico. […]
1416
La Sagrada Comunión del Cuerpo y de la Sangre de Cristo acrecienta la
unión del comulgante con el Señor, le perdona los pecados veniales y lo
preserva de pecados graves. Puesto que los lazos de caridad entre el
comulgante y Cristo son reforzados, la recepción de este sacramento
fortalece la unidad de la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo. […]
1418
Puesto que Cristo mismo está presente en el Sacramento del Altar es
preciso honrarlo con culto de adoración. "La visita al Santísimo
Sacramento es una prueba de gratitud, un signo de amor y un deber de
adoración hacia Cristo, nuestro Señor" (MF).
1419
Cristo, que pasó de este mundo al Padre, nos da en la Eucaristía la
prenda de la gloria que tendremos junto a él: la participación en el
Santo Sacrificio nos identifica con su Corazón, sostiene nuestras
fuerzas a lo largo del peregrinar de esta vida, nos hace desear la Vida
eterna y nos une ya desde ahora a la Iglesia del cielo, a la Santa
Virgen María y a todos los santos.