LA VENERACIÓN DE LAS
RELIQUIAS
Las más
importantes reliquias relacionadas con la pasión del Señor fueron
encontradas por la emperatriz Santa Helena en su viaje de peregrinación
a Tierra Santa hacia el año 320 – 325, como así dieron testimonio San
Cirilo de Jerusalén (+386), y otros escritores del siglo IV.
Al margen de
varios hallazgos, la emperatriz romana realizó excavaciones cerca del
monte Calvario y encontró los restos de la Santa Cruz que fue
identificada gracias a que curó a un enfermo y volvió a la vida a un
muerto.
Una vez
estuvieron en manos cristianas, los restos de la Santa Cruz fueron
distribuidos en diferentes lugares:
Una parte
del “Santo Madero” fue enviada a Roma en el año 325 y el emperador
Constantino construyó en su honor la basílica mayor de la “Santa Cruz en
Jerusalén”.
Asimismo en
una capilla dentro del Vaticano se encuentran tres astillas.
Otros trozos
fueron regalados a través de los tiempos por los papas a diversas
iglesias del mundo, como a la catedral de París y otras iglesias
francesas.
El Papa San
Gregorio Magno (590 -604), obsequió con un trozo al rey visigodo español
Recaredo.
En España se
afirma que se encuentra un fragmento en la iglesia de Santo Toribio de
Liébana, en la provincia norteña de Santander. La tradición asegura que
fue traído de Jerusalén en el siglo V por este santo, que era obispo de
Astorga, y contemporáneo del papa San León I el grande (440 -446).
De la misma
Ciudad Santa el emperador Heraclio (610 -641), tras su triunfo sobre los
persas, trasladó otro tanto a Constantinopla (Turquía).
LA RELIQUIA DEL LIGNUM
CRUCIS DE LA HERMANDAD DE LORETO
El 31 de
Julio de 1981, la Hermandad, recibe de manos de su hermano fundador y
primer Hermano Mayor, Bartolomé Lora Lara, una reliquia de la auténtica
cruz de Nuestro Señor Jesucristo (Lignum Crucis), otorgada, a
través de su mediación, por la Santa Sede, para que sea objeto de culto
y veneración. A la reliquia le acompañaba un pergamino indicando su
autenticidad de lo que daba fe la Curia Romana, adjuntándose a este
documento un escrito de la Vicaria General del Obispado de Jerez con el
siguiente texto: “Con fecha de los corrientes se recibe en este
Obispado el Rescripto nº 150 del Vicario General de Roma con la
Autentica de un LIGNUM CRUCIS para la Hermandad de Ntra. Sra. de Loreto
de esta Ciudad de Jerez de la Frontera. De todo lo cual doy fe, sello y
firmo en Jerez de la Frontera, 31 de Julio de 1981. Francisco González
Cornejo, Secretario General Canciller”.
Esta
reliquia se incorporó al cortejo procesional situada en la delantera del
paso sobre la capilla de San Pedro, figurando en este privilegiado lugar
desde 1982 a 1994.
En 1995 el
hermano Bartolomé Lora considera que hay que darle mayor protagonismo en
el cortejo, donando en ese mismo año un techo de palio, de terciopelo
rojo, color litúrgico del Viernes Santo, con flecos dorados en sus
caídas, confeccionado por las Reverendas Madres Clarisas de Villaviciosa
en Asturias. Como varales se utilizan los que la Hermandad posee en
depósito, pertenecientes al tesoro parroquial, realizados en plata y
decorados con hojas de acanto a punzón a principios del siglo XIX. Este
palio salió en la procesión cuatro años, portado por seis acólitos con
albas y siendo llevada la santa reliquia, como era preceptivo, por un
diácono con capa pluvial, concretamente por el Sr. Tinajero que además
de su condición diaconal le unía a la Hermandad el ser militar de
Aviación en la reserva. Tras la estación penitencial el Sr. Tinajero se
retiraba pasando la reliquia a su primitivo lugar en la delantera del
paso.
En el año
2000 se desiste de su presencia en el cortejo y se coloca la santa
reliquia en tan importante lugar de honor como es la mano de la Virgen,
donde luce actualmente. No obstante la Hermandad sigue estudiando su
sitio definitivo con el fin de que esta reliquia sea venerada con toda
la importancia y solemnidad que merece como titular de la Hermandad y
principalmente como instrumento de Salvación, en una jornada, además que
tiene como eje la adoración la cruz.