VERSOS A NTRA. SRA. DE
LORETO
Mi fe no
encuentra cerrojos
ni mi esperanza
secreto;
ni mi caridad
antojos,
cuando me miro
a los ojos
de la Virgen de
Loreto.
Mi alma entera
se ilumina
y mi gozo está
completo,
y mi voluntad
se afina,
cuando me
encuentro en la esquina
con la Virgen
de Loreto.
En un dulce
contraluz
me hallo de
pronto sujeto
y me traspaso
de luz;
mirando, al pie
de la Cruz,
a mi Virgen de
Loreto.
ANTONIO GALLARDO
MOLINA
Yo quisiera,
Señora de Loreto
alegrarte la
pena y la agonía,
y ofrecerte mi
pobre poesía
en el son y la
rima de un soneto.
Yo quisiera
centrar en un cuarteto
la juncal y
valiente gallardía,
el dolor, el
donaire y la armonía
que parece
guardar como un secreto.
Yo quisiera,
Señora, yo quisiera...
pero sé que mi
verso es limitado
como el tiempo
que pasa y dice adiós.
Déjame que te
diga a mi manera
que en tu
vientre, Señora, fue gestado
el metal
canastero de mi Dios.
JOSÉ LUIS ZARZANA
PALMA
Viviendo estará
Nuestra Señora de Loreto- como si fuera una sola- las dos
inmensas
soledades de su vida: la suya, que no cabe en el barrio, y la de su
Santísimo Hijo
que no cabe en el universo.
La Virgen de
Loreto, desplegando las alas,
regresa del
Calvario con la congoja intacta.
Los ángeles del
cielo, con lilas y albahacas,
del corazón le
arrancan siete largas espadas.
Los azahares
llueven y los llantos escampan;
-¡La brisa de
la tarde va moviendo las capas!-
Los jinetes del
aire, en brisas cabalgadas
desde el cielo
le arrojan nardos y rosas blancas.
Las tres santas
mujeres al Señor embalsaman
con áloe, con
romero, estacte, mirra y vinagre escancia
y entonan
misereres aboes y dulzainas.
Los altares
revueltos- sin manteles ni sacras-
le pellizcan
los ojos y le muerden el alma.
Sus cofrades la
llevan en su paso de plata
entre aleluyas
negros y un "fru-fru" de alpargatas.
¡Un clavel le
ha caído a Loreto en la cara
encendiéndole
el rostro como si fuera un ascua
la Virgen va
despacio, ¡ parece que no anda!
y repleta de
pena la procesión desanda.
Cuando llegue
el Domingo, al despertar el alba,
¡callarán los
tambores y hablarán las campanas!
MIGUEL TRUJILLO PÉREZ