EL MISTERIO DE LA
SOLEDAD DE MARÍA
Sobre el
paso se representa el momento pasional de la soledad de María tras ser
llevado el cuerpo de su hijo Jesucristo hacia el sepulcro.
Independientemente de la Madre dolorosa, cuyo pormenorizado estudio ya
hemos realizado, una serie de elementos, patrimonio de la Hermandad,
vienen a dar autentico realismo a la escena de la Pasión que se muestra
al pueblo, a esa catequesis itinerante que es la Cofradía en la calle.
El profesor
de la Universidad de Sevilla Juan Miguel González Gómez sobre el
misterio de la Soledad de la Virgen, dice en el libro “Las cofradías de
Sevilla en el siglo de las crisis” la siguiente consideración.”La
Soledad de María, en todas las épocas, ha conmovido profundamente la
inspiración de los artistas. Desde las primeras representaciones del
Speculum humanae salvationis, de época medieval, pasando por las
desgarradoras expresiones del arte hispano-flamenco, hasta la elocuente
imaginería policromada del siglo áureo español, la iconografía del tema
se ha ido definiendo progresivamente. La soledad de María se ha ido
configurando primero como Virgen llorosa, rodeada de los gozos y
sufrimientos de Cristo, luego acompañada de Juan, y por último, sola al
pie de la cruz.
El modelo
iconográfico sevillano gusta representar a la Virgen de la Soledad, de
pie, ante la cruz arbórea con las escaleras y el sudario pendiente del
patíbulum.”
Cuando en
1951 el Vicario General del Arzobispado de Sevilla, aprueba la
organización de la Cofradía, una idea tenían clara los hermanos
fundadores, el misterio a representar era el impresionante momento de la
soledad de María, en el instante posterior a que Cristo fuese descendido
de la cruz y llevado hacia el sepulcro.
Ese instante
de la vida de María tan doloroso como conmovedor, adquiriría toda su
dimensión evangelizadora cuanto más se supiese plasmar, con auténtico
realismo, ese pasaje de la Pasión en el que María adquiere toda su
grandeza corredentora.
En esa
búsqueda de dar un mayor realismo al misterio de la Soledad de María y
conseguir, con ello, su auténtica misión catequizadora, la Hermandad,
desde sus comienzos ha intentado ir dotando al misterio de distintos
elementos que fueran ofreciendo, con claridad, esa pretendida veracidad
histórica.
Así, en los
primeros años, la Virgen de Loreto llevaba en sus manos la corona de
espinas y se asentaba sobre un abrupto monte, hecho a base de cortezas
de corcho y flores, tanto cultivadas como silvestres, posteriormente el
monte es configurado solo con apiñados claveles. El nuevo paso estrenado
en 1981, por su altura, no permitía monte, por lo que las flores sólo se
colocaban a base de pompones, con un centro al pie de la cruz. La corona
de espinas se dejó de colocar porque, con el movimiento, arañaba los
dedos de la imagen. Hoy, en sus manos, porta la reliquia del Lignum
Crucis. Las flores en la actualidad se presentan con un friso sobre
la canastilla.
La Soledad
de María esa de la que dicen los viejos textos “Ahí la tienes
cristiano, sola con su pena juxta crucem lacrimosa, porque nunca se le
borrará ya de la mente la estampa tremebunda de Jesús en cruz. Ayer aun
tenía a su Hijo, siquiera clavado; hoy ni eso. Sus manos en actitud
resignada y su rostro surcado por amarguísimas lágrimas y un puñal del
todo inmaterial destroza su alma atribulada. Conserva, sin embargo, muy
hincado en el corazón un gratísimo consuelo: la esperanza de verle
resucitado” cobra en el misterio de la Hermandad de Loreto toda la
verdad de tan trascendental momento.