LA IMAGEN DE NUESTRA
SEÑORA DE LORETO
Mucho se ha
dicho y oído sobre el origen de la talla de la Virgen de Loreto, pero
todas las versiones coinciden en calificarla como una obra de finales
del siglo XVIII o, más bien, principios del XIX.
Es difícil
de asegurar cuál es su procedencia al no existir documentos que puedan
indicar este dato. Puede existir la probabilidad de que al construirse
la iglesia de San Pedro como ayuda de la parroquia de San Miguel, desde
la iglesia matriz se abasteciese al nuevo templo de objetos de culto y
litúrgicos y entre ellos se encontrase algunas imágenes como esta de la
Madre de Dios que se está estudiando. También hay quien asegura que esta
Virgen dolorosa fue donada a la iglesia de San Pedro por la ilustre
familia de los Grandallanas, residentes en el palacio de los Dávila,
enclavado en la calle Larga en la collación de San Pedro, proveniente la
imagen de su oratorio privado, imagen, que a su vez, era muy venerada
por la nobleza jerezana. Incluso, otra posibilidad, nada remota, es que
la dolorosa fuese depositada en San Pedro junto a otros objetos
trasladados a este templo con motivo del cierre del convento de la
Vera-Cruz, tales como la puerta principal o imágenes anteriores a la
construcción del nuevo templo de San Pedro.
Estos
argumentos, aunque fundamentados, son mera hipótesis, ya que como hemos
afirmado anteriormente, no existen datos fieles que lo confirmen. Todo
hace indicar, como más probable, que la talla de la actual Virgen de
Loreto fuese encargada para el nuevo templo de San Pedro. El edificio
fue levantado, por el arquitecto José Álvarez, maestro mayor de la
Catedral de Sevilla, a expensas del Arzobispado Hispalense hacia 1758,
aunque no llegó a finalizarse hasta pasado el año 1775.
Para hacer
esta afirmación nos basamos no sólo en la coincidencia de estilos entre
la fábrica del templo y la imagen sino también en la relación existente
entre el arquitecto José Álvarez y el imaginero Juan de Astorga, autor,
según distintos expertos en arte, de la Virgen de Loreto.
Juan de
Astorga y Moyano nació en Archidona en 1779 y murió en Sevilla en 1849,
célebre escultor de su época, en 1793 entró a estudiar en la Real
Escuela de las Tres Nobles Artes de Sevilla, de la cual se convirtió en
profesor en 1810, gracias a sus altas dotes artísticas. Años después
pasó a ser académico y máxima autoridad escultórica de su tiempo. A
pesar de su formación Neoclásica y enseñanzas que impartió ambientadas
en estas tendencias, fue un gran conocedor de la imaginería tradicional
andaluza.
De la
iglesia de San Pedro se conservan planos originales del Arquitecto José
Álvarez fechados en 1775 y por la lectura de la leyenda de dichos planos
se deduce que la fábrica del templo estaba aún sin concluir. Las obras
debieron prolongarse bastante en el tiempo, ya que al parecer en 1758 es
consagrada la iglesia y veinte años después se realizan nuevos planos,
dando a entender que la iglesia no está terminada y si a esto le
añadimos que estos planos tampoco serían los definitivos, puesto que
posteriormente al proyecto se le añade unas galerías superiores con
balcones, podemos deducir que la terminación total de la fábrica del
templo se alargaría casi hasta final del siglo XVIII. Una demora que
quedó patente entre la fachada en la que aún predominaban elementos
barrocos como la decoración del friso de la portada y el interior mucho
más academicista. Todo ello viene a colación al situar el revestimiento
del interior del edificio, especialmente en lo que a retablos e imágenes
se refiere, siguiendo los cánones imperantes a principios del XIX.
Periodo en el que, preferentemente, se sitúa la talla de la Virgen de
Loreto coincidiendo, además, con la etapa de esplendor del imaginero
Juan de Astorga.
Juan de
Astorga está catalogado como el artista de las más bellas imágenes de
dolorosas de todos los tiempos. El creó un precioso elenco de imágenes
en las que todas coinciden, al igual que esta talla de la Virgen de
Loreto en su Soledad que estamos estudiando, en muchos aspectos:
esmerada policromía, lirismo, unción expresiva, belleza juvenil,
delicados rasgos, etc. Además el autor supo unir maravillosamente y con
un extraño acierto el dolor de la Pasión y la dulzura de la gracia, supo
plasmar la belleza de lo clásico en el drama de lo barroco.
El profesor
Ruiz Alcañiz, licenciado en Filosofía y Letras y especialista en
Historia del Arte, versó su memoria de licenciatura sobre la obra de
Juan de Astorga. En la misma da por confirmada la autoría de Juan de
Astorga sobre la imagen de la Virgen de Loreto de Jerez, de la que dice
lo siguiente en su tesis:
“Nuestra
Señora de Loreto, es titular de la cofradía de nazarenos de Nuestra
Señora de Loreto de la iglesia de San Pedro de Jerez de la Frontera
(Cádiz).
La escultura
presenta unos rasgos de perfiles clásicos, finos y sencillos, con las
características propias de una tristeza serena, y que nos hace
compararla con la Dolorosa de Capuchinos de Sevilla, con quien guarda
una afinidad bastante elocuente, y es debido a ello que no tengamos
dudas en pensar en Juan de Astorga como su autor”
El eminente
profesor Don José Hernández Díaz, aseguró ante la imagen la autoría de
Juan de Astorga, posteriormente numerosos estudiosos y expertos en artes
han reafirmado esta atribución.
Cuando se
descubre que la Virgen de la Paz en su Mayor Aflicción de la jerezana
Hermandad de la Coronación no es obra de Juan de Astorga, como desde
siempre se había venido atribuyendo, sino del contemporáneo José Rivera
García (1905-1982) que había imitado en la talla los caracteres
astorguinos, se pone en duda, por algunos círculos artísticos, la
autoría de Astorga sobre la Virgen de Loreto sin tener en cuenta lo
siguiente:
Por un lado
los argumentos anteriormente expuestos de relación entre las iglesias
del Arquitecto José Álvarez y las obras de Juan de Astorga que en ellas
se encuentran, y por otro que la Virgen de la Paz en su Mayor Aflicción
fue adquirida en 1950 a un anticuario mientras que la Virgen de Loreto
consta, por documentos antiguos, que al fundarse la Hermandad, la misma
Virgen, llevaba mas de un siglo rindiéndosele culto en San Pedro, es
decir desde antes de 1849 fecha en que fallece Astorga. A esto se le une
que las restauraciones a las que se ha sometido la imagen han sido por
fases, como posteriormente explicaremos, y en ningún momento la imagen
sufrió un cambio total en su rostro que hiciera pensar que la imagen
hubiera sido sustituida, reafirmando esta teoría el hecho de que la
talla al analizarla actualmente, para comprobar su estado de
conservación, se ha podido apreciar como fue tan perfecta su
restauración que no solo se eliminó todo elemento superpuesto sino que
se respetó la obra en su totalidad, retocando algunos detalles que según
el artista restaurador no parecían ser originales. La madera con que
está realizada y la policromía antigua puede perfectamente comprobarse
como prueba fiel de que la imagen pertenece a la época de su atribución.
Al no
haberse hallado los documentos que confirmen su autoría es aventurado
asegurar, con toda certeza, la autoría de Juan de Astorga, pero nada
hace pensar que no pertenezca a su escuela.
Analicemos,
si no, las características tan acentuadas que identifican a las imágenes
de Astorga y comparémoslas con las que posee la talla de la Virgen de
Loreto.
El profesor
Ruiz Alcañiz hace una perfecta descripción de las dolorosas de Astorga,
encajando en toda su extensión en los rasgos de la dolorosa de Loreto:
Imágenes de
un dolor intenso, que va haciendo mella en la resistencia humana de
María, pero sin dejar de perder esa resignación ante el momento
histórico que la Madre de Cristo está viviendo; es por ello, que el
imaginero confiere a sus tallas una expresión calmada y sosegada al no
perder su rostro su encantadora dulzura.
A su vez
describe las manos de las Vírgenes de Astorga como muy estilizadas, de
finísimos y alargados dedos, de una delicadeza extrema, y con un
gracioso juego de meñique, que casi todas retranquean hacia atrás.
Las cataloga
a todas como figuras de tamaño natural, cuyos rostros los presentan
ligeramente inclinados hacia el lado derecho, con un óvalo de perfecto
dibujo, cejas de línea suave, ligeramente fruncido el entrecejo, nariz
recta y fina, boca abierta dejando ver una perfecta realización en la
dentadura, lengua y garganta; todo ello rematado con un gracioso hoyuelo
en su mentón y un color sonrosado en la encarnadura.
Descansando
el rostro sobre un cuello de perfecto labrado y de exquisita finura, que
presenta tallado hasta sus hombros y gran parte superior el busto.
La
licenciada e investigadora Aurelia Maria Romero Coloma encuentra en esta
dolorosa de San Pedro las características esenciales que presidieron la
imaginaria de Astorga. Dolor resignado, expresión calmada, su
extraordinaria dulzura, un llanto hacia dentro, ojos grandes aunque algo
caídos, de mirada vaga y ensimismada, perfil clásico y carnación de tono
rosado tan propio de Juan de Astorga para idealizar la expresión e
infundir mayor juventud.
En
definitiva todos estos aspectos no nos dejan lugar a dudas al encuadrar
a la Virgen de Loreto como obra de Juan de Astorga o en todo caso de su
círculo.
Siguiendo la
descripción anteriormente expuesta, la talla en sí, se encuentra en el
mismo paralelo artístico que otras imágenes firmadas por el artista de
Archidona, como la Virgen de las Angustias de la capilla de la
Universidad Hispalense realizada en 1817, la Esperanza de la Trinidad
(1819), y las ya mencionadas dolorosas de San Ildefonso y Capuchinos,
así como al grupo de Marías del paso del duelo de la Hermandad del Santo
Entierro todas imágenes de Sevilla. También se aprecia bastante
similitud con la Magdalena de la Hermandad del Cristo de la Descensión
de Sanlúcar la Mayor. Con todas estas imágenes guarda una semejanza tal
que aleja cualquier duda sobre su atribución.
Con
anterioridad a su restauración la imagen se mostraba con las cejas más
enarcadas, con una expresión más parecida a la sevillana Virgen del Buen
Fin de la Hermandad de la Lanzada, lo que viene a confirmar que de ser,
como todo apunta, obra de Juan de Astorga, pertenece a su primera etapa,
algo que vendría a avalar la teoría de su ejecución para el nuevo templo
de San Pedro de Jerez.
Cuando en
1951 se funda la Hermandad de Loreto, la imagen necesitaba restauración,
dado el deterioro sufrido por el paso del tiempo, para ello se contacta
con un afamado imaginero de la época Antonio Eslava Rubio (1909-1984),
discípulo del prolífero Castillo Lastrucci y gran admirador de Juan de
Astorga, cuyos caracteres han quedado reflejados en sus obras. La imagen
necesitaba de nuevo candelero y de la supresión de un saliente que
poseía en la nuca como base para la colocación de una aureola de
estrellas. El artista restaurador se negó en un principio a realizar el
encargo por considerar una imagen de cierta antigüedad y gran mérito,
asegurando que la obra era de Juan de Astorga. Posteriormente, al
analizar con detenimiento la talla y comprobar la tan necesaria
restauración, accedió a lo solicitado, dividiendo el trabajo en dos
fases, una primera intervención en la cual se rehiciera el candelero y
se suprimiera el saliente de la nuca para posteriormente corregir
algunos desperfectos y ciertos detalles del rostro tales como pestañas,
lágrimas y encarnadura.
En 1953, con
vistas a la pretendida salida procesional la Virgen fue restaurada en su
primera fase, debiéndose esperar hasta unos años después para la
culminación del trabajo, concretamente hasta 1963.
Con esta
primera intervención la imagen pudo salir a la calle, se aprovechó para
agrandar el candelero y acondicionarlo para su correspondiente sujeción
al paso, presentando, el nuevo, la originalidad de no estar constituido
por una serie de listones de madera separados en torno a una base y
unido en la parte superior al torso de la imagen, en este caso el
restaurador prefirió crear un cuerpo de madera a modo de saya con el fin
de dar consistencia y estabilidad a la imagen y facilitar las labores
del posterior vestido, con lo que se puede decir que es imagen de cuerpo
entero y no de candelero.
Por otro
lado la imagen presenta la cabeza totalmente tallada, incluido el pelo
que se halla recogido en un perfecto moño, sus manos son articuladas por
brazo, codo y muñeca y su garganta es de tal realismo que puede
apreciarse hasta la campanilla En definitiva una obra de arte,
personalísima, de magnífica factura y fiel reflejo del ideal de belleza
propia de la Madre de Dios.
Sé que
escribo estas líneas dedicada a la Madre de Loreto con inefables
sentimientos de fe y devoción a quien es mi norte y mi guía, quizás por
ello he intentado, en la medida de lo posible, ser imparcial en mi
juicio artístico, prefiriendo recurrir a otras personalidades mucho más
entendidas que yo en el tema. Todo lo aquí expuesto me ratifica en mi
convencimiento de que no es el autor quien da gloria a la obra sino la
obra al autor, un artista sin obras donde plasmar su genio no es nada,
una obra de arte sublime no necesita firma para ser valorada. La Virgen
de Loreto de Jerez, por encima de su indudable mérito artístico, de su
incuestionable belleza y de su arraigado sentido devocional, tiene el
alto honor de dar vida a lo que es madera y conseguir, en lo más íntimo
de los corazones devotos, que el arte de lo humano se olvide para dar
paso al arte de lo divino, a la presencia real de la Madre de Dios, ése
es el auténtico valor de la imagen y el gran mérito del artista.
Extraído del
libro “La Hermandad de Loreto de Jerez. Estudio Histórico-Artístico” de
Eduardo Velo García