Cuenta
la tradición que la Santa Casa de la Virgen, para preservarla de la
destrucción fue trasladada, hace más de siete siglos, desde Nazaret
a la ciudad italiana de Loreto, por ello la Virgen de Loreto es
patrona universal de los aviadores e invocada por aquellos que
buscan casa para vivir.
ORACIÓN A NTRA. SRA. DE LORETO
¡Dios te
salve, Reina del cielo y de la tierra, Madre y Señora de Loreto!
Hoy
queremos evocar aquel primer Viernes Santo, en el que subiste con
Cristo al Calvario, estuviste de pie, junto a su Cruz, recogiste su
testamento y quedaste sumida en la más amarga soledad.
Eres
Madre y Señora de Loreto la fiel discípula de Jesucristo, le
seguiste a todas partes, hasta el momento supremo de la Cruz,
acompañada de los pocos discípulos fieles.
La Virgen
orante, oyente y oferente. Oraste en Caná de Galilea, al traspasar
tu alma de dolor la necesidad de aquellos esposos. Oíste siempre a
Jesús, y tan perfectamente que Él nos dijo "Bienaventurados los que
escuchan la Palabra de Dios y la cumplen". Ofreciste tu Hijo al
Padre y con Él te ofreciste como Corredentora de nuestras almas.
Te
saludamos, Madre de Dios, siempre Virgen, Inmaculada y Asunta al
cielo, Dogmas marianos que confesamos públicamente y por cuya
defensa estamos dispuestos hasta derramar nuestra sangre.
Te
invocamos como nuestra Auxiliadora, Abogada, Remedio, Socorro,
Medianera, Corredentora, nuestro Modelo, Signo de Esperanza y de
Alegría, nuestro Consuelo, Madre de la Iglesia, Madre Dolorosa,
Nuestra Señora y Señora Nuestra.
Enséñanos
a ser verdaderos Hijos de Dios e Hijos tuyos y fervientes
cristianos, que demos testimonio del Evangelio en nuestros ambientes
y en nuestro mundo, viviendo con entusiasmo y alegría nuestros
compromisos bautismales.
Queremos ser tuyos, todo tuyos y siempre tuyos.
Te
pedimos "Tú que nos sonreíste en la suave mañana de nuestra vida,
vuelve, Madre a sonreírnos ahora", en este "ahora" en que vivimos
azotados por el mundo y por el maligno.
"Vuelve a
nosotros esos tus ojos misericordiosos". Mira con ternura a nuestros
hermanos, a nuestras familias, a nuestras Parroquias, a nuestra
Diócesis. Defiende la inocencia de los niños, fortalece las
ilusiones de los jóvenes, aumenta la esperanza de los mayores.
Y sin
algún día, nos olvidamos de Ti, Pastora Divina de nuestras almas,
sal al encuentro de la oveja perdida, llénala del Rocío de tu mirada
y tráela al redil de Cristo, en el que queremos vivir y morir, ¡Oh
Clemente, Oh Piadosa, Oh Dulce Virgen y Señora de Loreto! Amén.
Censura
Eclesiástica.-
Rg 621.S-9. VIII.1993